José Balboa lleva 30 años dedicado a la alfarería. / Torcuato Fandila

El 'chocolate' que emana de la tierra

El oficio de alfarero tiene un fuerte arraigo en Guadix, pero su futuro peligra por falta de interés entre los jóvenes

SANDRA MARTÍNEZ Guadix

José Balboa, oriundo de Guadix, se pasa el día con las manos y la ropa manchadas de barro. Un barro que procede de una cantera próxima a su casa y que, «al mezclarse con agua, adquiere el color y el aspecto del chocolate en estado líquido». Pequeños restos de arcilla se pueden apreciar en sus uñas, en sus zapatos y en el delantal que ha adquirido un color cobrizo oscuro que cubre parte de su cuerpo. Al entrar en su taller de alfarería, ubicado cerca del barrio de las Cuevas del municipio accitano, se sienta delante del torno con el que moldea los bloques de arcilla que él mismo prepara. Desliza las manos por encima del barro con delicadeza para darle forma mientras el torno sobre el que trabaja se mueve rápidamente de forma circular y lo hace de tal forma que es imposible que a uno no se le venga a la cabeza la película 'Ghost'.

Su taller de alfarería se encuentra en mitad del patio de su casa. A uno de sus lados ubica metros y metros de arcilla sin mezclar que se elevan en una especie de montaña. Le añade agua y, con ayuda de una máquina, elabora esa especie de 'chocolate' que, tras batirse y quedar sin grumos, se deposita en una piscina de barro donde este reposa cerca de un mes hasta poder ser usado. «Aquí todo es natural. Nosotros cogemos el barro, lo mezclamos y esperamos a que esté listo para poder darle forma. La piscina donde se acumula el material se compone de ladrillos que permiten que se filtre el agua con mayor facilidad y consigamos así un mejor acabado», indica.

Como no es de extrañar, en su casa no faltan tazas de cerámica en la nevera, ni tampoco tinajas, grandes recipientes de barro que actualmente sirven para adornar, pero que tradicionalmente se usaban para almacenar vino o aceite. Esparcidas de forma aleatoria por el jardín, se funden con el resto de elementos moldeados, que deben secarse antes de ser introducidos en el horno. «El procedimiento a seguir es siempre el mismo. Tras darles forma a los artículos en el torno, deben secarse al aire libre. Una vez que lo han hecho, los introducimos en el horno. Después, a veces se le da algún baño para finalizar el proceso o se hacen los grabados u otros adornos», explica.

De trofeos a detalles de boda, en todas las casas de Guadix hay alfarería. / Torcuato Fandila

Sorprende ver la destreza que tiene sobre la materia, la rapidez con la que elabora un cántaro mientras cuenta cómo se inició en el mundo de la alfarería. «Estudié en la escuela de Artes de Guadix y ahí tuve mi primer contacto con el barro», asegura.

Tras terminar su formación, decidió montar el taller de alfarería en el que trabaja actualmente de forma parcial y que lleva su nombre y donde desarrolla todas las fases que componen el proceso de elaboración de los artículos. «Se puede vivir de un taller artesanal de alfarería, pero hay que especializarse en algún ámbito, ya sea cerámica artística, alfarería tradicional… y no querer abarcar todos los aspectos. También hay que ser consciente de que rico no te haces, pero te da para seguir adelante y comer», explica el artesano. Reconoce que ha habido unos años de vacío de formación en este mundo, por lo que no son muchos los alfareros que quedan en la zona. Esta escasez de profesionales permite que los que quedan puedan vivir de ello.

Sin embargo, aunque quiere ser optimista de cara al futuro de la profesión, no asegura que esta se pueda mantener. «Me gustaría creer y confiar en que los alfareros no desaparecerán, pero es difícil pensar que sea un oficio en expansión. Hay muy poca gente joven que se interese y quiera aprender sobre la materia, pero esperemos tener un pequeño futuro con los talleres que quedan en Guadix y con el apoyo de la Escuela de Artes por la formación que esta ofrece», confía.

Asimismo, explica que la mayoría de los alfareros que hay actualmente en Guadix no han adquirido sus conocimientos por tradición familiar. «Yo mismo tengo dos hijos y ninguno de ellos quiere seguir con la tradición alfarera. Me ayudan en algunas tareas simples, pero nada más», afirma entre risas.

Teniendo en cuenta el terreno arcilloso de la comarca, no es de extrañar que la tradición ceramista en Guadix tenga una historia extensa y haya traspasado fronteras. Por ello, José Balboa habla de la necesidad de mantener esta labor tan arraigada al municipio. «Debe mantenerse por dos motivos fundamentales. El primero es que funciona muy bien y se vende bastante, y el segundo, por la tradición y la historia de Guadix que esta abarca. Nuestra alfarería es conocida a nivel local, provincial y nacional, motivo de sobra para que no caiga en el olvido», argumenta.

Aunque ha recibido clientes de distintas partes de España, su producción va dirigida mayoritariamente a bares y restaurantes de la zona. Mientras que en otros lugares de España se regalan trofeos de chapa o metal, en Guadix se hacen de arcilla. Lo mismo sucede con muchos de los recuerdos que se dan en bodas o comuniones o, incluso, en las graduaciones de instituto, lo que hace que la mayoría de la gente que reside en el municipio tenga, al menos, una taza de barro en su casa.

Algo que también ha hecho todo niño accitano es visitar algún taller de alfarería con el colegio. «Antes de la pandemia, por aquí pasaban muchas clases de diversos centros para conocer un poco más de cerca la producción», resalta. Por ello, afirma que su taller, siempre que él esté disponible, está abierto para todo aquel de Guadix o de fuera que quiera adentrarse en el mundo de la cerámica, ya que esto ayuda al resto del mundo a conocer la forma tan natural y tradicional que tienen de trabajar.

La jarra accitana

Dentro de toda esta producción, no solo se elaboran formas árabes como botijos, cántaros o tazas, también maravillas y complejidades que se asemejan a una verdadera obra de arte, como es el caso de la jarra accitana. Aunque la base de esta es simplemente una cantarera donde almacenar el agua, los adornos propios del estilo barroco al que pertenece hace que uno pierda la mirada entre tanto y tan minucioso trazado. «Cuando el alfarero termina esta pieza, es cuando más realizado se siente», asegura.

Aunque no es el artículo de cerámica más antiguo elaborado en Guadix, sí es el más conocido debido a su complejidad y belleza. El primer alfarero que la ideó añadió a esa base con dos asas, dos más, por lo que tiene cuatro y una peana. Además, entre asa y asa se le añadieron pétalos y flores completas, cada una de ellas terminadas en un gallo. Contiene cinco remates que son piezas independientes a la jarra, es decir, que no están sujetos a ella.

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