San Cayetano vuelve a reunir a los goreños en torno a sus encierros

TORCUATO FANDILA

Gor celebra de martes a jueves, a partir de las ocho de la mañana, sus tradicionales encierros

Miércoles, 9 agosto 2017, 13:12

Los goreños, vivan donde vivan, saben que sus agendas tienen que tener, al menos, tres fechas reservadas al año: 8, 9 y 10 de agosto. San Cayetano no falla a su cita con sus feligreses, ni ellos a la cita con el patrón del pueblo. Las fiestas de Gor se extienden durante toda una semana, pero las fechas que más pasión despiertan son las tres señaladas, es decir, aquellas que coinciden con los encierros de esta localidad.

Estas tres fechas están marcadas, con toda seguridad, en el ADN de los vecinos de Gor. Los nietos e hijos de aquellos que marcharon hace varias décadas del pueblo siguen acudiendo año tras año, como los salmones remontan el río, cuando el calendario anuncia la cercanía de estas fiestas. La población de la localidad se multiplica y también se multiplica el número de habitantes de cada casa.

El 6 de agosto es la fecha del comienzo oficial de las fiestas. Pregón y bandera marcan el comienzo del calendario festivo. Pero es el 8 de agosto cuando la localidad se convierte en un hervidero. La mañana es una continuidad de la velada del día anterior. El alumbrado extraordinario de la fiestas pierde su intensidad según gana fuerza la luz del sol. El sonido de la verbena se apaga con un murmullo ritual que precede al encierro taurino. y a las ocho de la mañana, siempre puntual, comienza el primero de los encierros.

Los encierros de Gor presumen de ser los más antiguos y la documentación da la razón a quienes así lo afirman. habiendo constancia escrita de que ya existían en el año de 1622. Su antigüedad se corresponde con la expectación que despiertan entre los aficionados. Desde primeras horas de la mañana cientos de personas, vecinos de Gor y forasteros, se reúnen en los palos y la plaza de toros de Gor, el antiguo castillo de la localidad. Tras las campanadas que marcan las ocho de la mañana, el encierro pasa como un rayo por un estrecho callejón que viene de los corrales a las afueras del pueblo y que desemboca en el coso.

En el primer encierro de este año, los novillos de Hermanos Garzón marcharon por delante de los cabestros, lo que provocó alguna caída y algún peligro. Al final algún revolcón una vez que las reses llegaron al coso. A pesar de los sustos, propios de la circunstancia, nada que lamentar y, una vez más, todos agradecidos a la intercesión de San Cayetano en el lance.

Después de la subida de adrenalina es el momento para relajar y volver a la calma. Una tradición no escrita marca que el final de los encierros se firme con unos churros, acompañados de café o chocolate, en una de las churrerías de la plaza. Para unos es el desayuno y para otros el avituallamiento antes de ir a dormir después de una noche de verbena. Para todos, gracias a la hora, el momento de disfrutar de unos minutos al fresco, mientras reposan las sensaciones fuertes.

Cada uno de los encierros de Gor se corresponden con otras tantas novilladas. Este año se celebra la decimoquinta edición del trofeo la ‘Almendra de Plata’. El concurso se ha consolidado en el panorama nacional y ha sido el lugar para descubrir algunos de los valores taurinos de la actualidad. Por la arena de Gor pasaron algunos de los nombres más solicitados en los carteles de la actualidad, como el peruano Roca Rey o Ginés Marín, el torero de Badajoz que este año triunfó en la feria de Pamplona.

Según Andrés García, la comisión «está muy pendiente del mundillo y va escogiendo los novilleros que mejor están». Esto ha hecho que el trofeo goreño sea con los años una de las principales citas en el circuito de novilladas sin picadores. El éxito posterior de los novilleros que pasan por el coso-palacio de Gor es una mezcla de «olfato y buena suerte».

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