El Pago del Jarafí, la grandeza de lo común

Medio centenar de personas acudió a la primera visita guiada.
Medio centenar de personas acudió a la primera visita guiada. / LARA DELGADO
  • El proyecto Memola organiza visitas guiadas para dar a conocer el pasado de Lanteira

La historia nos ha enseñado el nombre de los gobernantes, los lugares en los que vivían, sus frases más sonoras e, incluso, ha llegado a enseñarnos el nombre de sus amantes. Sin embargo, ¿Qué sabemos de aquellos que vivían a la sombra de sus palacios o de sus castillos? ¿Qué hacían aquellos hombres y mujeres que vivían en nuestra tierra hace mil años? ¿A qué se dedicaban? ¿Cómo garantizaban su subsistencia? ¿Cómo se relacionaban entre si?

El yacimiento arqueológico del Pago del Jarafí, en Lanteira, que desde este verano se encuentra en su tercera campaña arqueológica gracias al proyecto europeo Memola, coordinado por la Universidad de Granada y en el que también participan instituciones como la empresa Arqueoandalusi Arqueología y Patrimonio S.L y la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas –CSIC- Escuela Española de Arqueología en Roma. El trabajo de los arqueólogos nos da algunas pistas para responder a estas preguntas, de cómo vivían gente normal y corriente.

«Lo excepcional de este yacimiento es que no es nada excepcional, por ser normal, por ser común, resulta excepcional», explica el profesor de la Universidad de Granada, José María Martín Civantos. Según el arqueólogo, el Pago del Jarafí permite «conocer toda la base social, conocer el campesinado, el mundo rural, en definitiva, lo que conforma la inmensa mayoría de las sociedades preindustriales para poder entender el transcurso de la historia y no sólo la historia del poder, sino de las clases populares».

Esta tercera campaña, cada año hay una sorpresa, ha permitido descubrir una mezquita rural, un lugar de culto para la gente común de este asentamiento y, posiblemente de otros asentamientos cercanos. Ni tan siquiera esta mezquita es un lugar monumental, pero es singular, en Andalucía se conservan pocas mezquitas de este tipo. La mezquita ha terminado completando la fotografía social de este paraje hace diez siglos y se suma a los silos, las viviendas o la necrópolis descubiertos en campañas anteriores.

El yacimiento tiene programadas durante este mes de septiembre dos visitas guiadas, la primera ya realizó este viernes 23 de septiembre, la próxima será el 30 de septiembre. El profano en la materia a penas ve en su visita unas hileras de piedras, pero las explicaciones de los arqueólogos le permiten descifrar lo que este enclave fue siglos atrás y hacer con sus explicaciones el alzado tridimensional de aquello que allí existió un día.

El Pago del Jarafí «supone poner en el mapa a Lanteira», comenta la concejala de Cultura, Nani Corral Baena. Para la concejala el simple hecho de la presencia de los voluntarios ya es un estímulo para el pueblo. Los voluntarios, en la mayoría estudiantes de diversas Universidades, van a ayudar a llevar el nombre de su localidad a sus lugares de procedencia o estudio: Jaén, Sevilla, Madrid o, incluso, Italia o Inglaterra.

El nombre de Lanteira también ha sonado gracias al trabajo de los arqueólogos en numerosas publicaciones científicas y en la prensa. En esta línea, Martín Civantos, asegura que los trabajos arqueológicos contribuyen a elevar la autoestima de la población, a un mejor conocimiento de su propia historia y a formar su propia identidad.

El pasado viernes, los voluntarios y los visitantes se mezclaban entre los restos arqueológicos y los almendros de la zona. Algunos de los visitantes eran repetidores de otras ocasiones anteriores. Antonio López, de Lanteira, mostraba su interés por estos restos y centraba su mirada, al hilo de las explicaciones de José María Martín Civantos, en tratar de descifrar la historia, la cultura o el aprovechamiento del agua que hicieron sus antepasados. Otros, como Lorena, de La Calahorra, se mostraba interesada por el destino de la población de estos lugares en tiempos de la repoblación. Fernando, de Alquife, se mostraba sorprendido por la historia que escondía un lugar que había visitado otras veces.

Otros de los visitantes estaban más familiarizados con los restos arqueológicos, como Álvaro Gómez, de Cartagena, y Gloria Hernández, de Albacete, ambos estudiantes del Máster de Arqueología. Para ellos, el conjunto arqueológico era una completa radiografía de aquella sociedad que se dibuja entre los restos de lugares relacionados con la agricultura, la artesanía, la explotación metalúrgica,...

Pasado y presente

Diez siglos después, Lanteira sigue siendo un lugar parecido. Los hombres y mujeres de hoy, como los de ayer, siguen buscando su subsistencia a través del aprovechamiento de los recursos de la zona. «Es muy importante que entendamos en el contexto actual de cambio global, como las sociedades del pasado se han ido adaptando al medio natural o lo han adaptado a sus propias estrategias o necesidades y han ido generando sistemas de explotación de los recursos que han demostrado ser resilientes», explica Martín Civantos. Esta es una de las enseñanzas de este lugar, aunque también tiene otras lecciones ocultas. Según el doctor Martín Civantos, el Pago del Jarafí nos habla de como se relacionaban con el medio, como se modificaban los paisajes o como se creaban los regadíos, que son una parte esencial de nuestros paisajes.

Las soluciones de entonces, pueden seguir siendo hoy válidas a pesar del paso de los siglos y el cambio de mentalidad. Aquí, quizá es donde se sitúe la mayor diferencia entre aquellos y nosotros, pues, asegura Martín Civantos, que cuando el Pago del Jarafí era un lugar habitado el interés común era prioritario, en la medida que aquellos habitantes de la Edad Media dependían de las sociedades colectivas para laprotección y el sustento; una lección más de este modesto núcleo rural del medievo.